⚔️ Justas de pluma y verso: el blasón como la gran batalla del honor poético
⚔️ Justas de pluma y verso: el blasón como la gran batalla del honor poético
En la historia de la literatura, pocos géneros logran capturar la esencia de una época con tanta audacia como el blasón.
Aunque hoy asociamos esta palabra estrictamente a la heráldica y los escudos de armas, en la Francia de la primera mitad del siglo XVI, el término dio nombre a una fascinante moda poética: la «querella de los blasones»
¿Qué es un blasón literario?
Etimológicamente derivado del acto de «cubrir con un escudo», blasonar significaba originalmente proteger o alabar algo con ostentación. Literariamente, el blasón consiste en la descripción pormenorizada de un objeto —o, más frecuentemente, de una parte del cuerpo femenino— a través de una sucesión de elogios o vituperios en versos cortos de rima consonante. Mientras que el blasón busca la alabanza idealizada, su contraparte, el contrablasón, se dedica a la crítica o la censura extrema.
Evolución e hitos históricos
El género tiene raíces en la retórica medieval y en los debates de clérigos. Sin embargo, su verdadera explosión renacentista ocurrió en 1534. En un clima de tensión religiosa tras el «Caso de los carteles», el poeta Clement Marot, refugiado en la culta corte de Ferrara, escribió el célebre El blasón del bello pezón.
Este poema no sólo inauguró una tradición, sino que desató un auténtico concurso literario entre los poetas de la época. Hacia 1536, la duquesa Renata de Francia recibió una docena de obras que diseccionaban la anatomía femenina con ingenio y realismo.
Autores y temáticas: del elogio al escándalo
El ganador de aquel famoso certamen fue el joven Maurice Scève con su delicado blasón de La ceja (Le Sourcil), destacado por su rigor formal y ternura petrarquista.
“Ceja atractiva, bóveda curveada,
más negra que ébano o azabache,
Concebida saliente que da sombra a los ojos,
Cuando miran de muerte, o algo mejor.,.
Ceja, donde se inspiró el Amor haciendo su arco
Que atrae y somete a Dioses y a hombres,
Con la triste muerte o el suave gozo”
Otros autores relevantes incluyen a:
Albert le Grand: Autor de los blasones del corazón y la oreja.
Jacques Le Lieur: Quien aportó una visión más erótica en su blasón del muslo.
Bonaventure des Périers: Dedicado a la exaltación del ombligo como centro de voluptuosidad.
“Pequeño ombligo, mitad y centro
No s6lo del mero vientre,
Entre los miembros incrustado,
Sino de todo el cuerpo dibujado”
Con el tiempo, la temática se expandió desde lo moral y abstracto hacia lo físico y naturalista, llegando incluso a lo escabroso con los blasones del vientre o el trasero. Esta "rabia retórica" no estuvo exenta de polémica, provocando una reacción de defensores de la moral como Gilles Corrozet, quien intentó desviar el género hacia objetos domésticos más "sanos", como la casa o el jardín.
Para ilustrar la belleza de este género, podemos citar los versos que siguen:
“Cabellos, único remedio y alivio
De mi mal violento y fuerte,
Cabellos largos, bellos y desatados,
Que atan a mi corazón con tanta fuerza
Cuando se esfuerza y tiende
A distraerse y desatarse"
El blasón literario permanece como un testimonio del despertar del cuerpo en el Renacimiento, transformando la palabra en un pincel capaz de sacralizar cada detalle de la forma humana.
Cheymol, M. (s. f.). El Renacimiento del cuerpo: El blasón. Diagonales
Imagen de portada: fotografía propia. Año 2025